¿Quién es San José?

«¿Quién es San José? El esposo de María: “José no temas recibir, retener a María tu esposa porque lo que ella haconcebido es del Espíritu Santo…”. José es el vicario de Dios Padre para con Jesús: “Mira tu Padre y yo te buscábamos angustiados”.

Este José de tan excelsa dignidad, ¿quién es? Es humilde, es dócil, es pronto en obedecer y ejecutar. No discute, no duda, no aduce derechos, no manifiesta aspiraciones: simplemente como un esclavo: es la mano de su dueño, la mano visible de Dios para María y Jesús. Esta es su grandeza, la humildad que le hace dócil con la docilidad de un instrumento mudo. José se somete totalmente a las indicaciones de Dios. José sabe que su destino es drama. Lo acepta. No se sustrae. Se le da la orden de huir, huir muy lejos de noche, sin haber podido preparar nada con un niño recién nacido a través de desiertos, al extranjero, para vivir desterrado sin saber cómo, ni de qué. José siempre listo, siempre pronto: obedece. Desconoce el contestarismo. Es característica de José su adhesión incondicional a la voluntad de Dios, adhesión espontánea gratuita, no exige recompensa, generosa, total.

José es ejemplo excepcional: en él los grandes designios de Dios se realizan a través de las condiciones más vulgares y ordinarias de la vida humana. En José debemos aprender esta lección: todos tenemos una gran vocación, aun los inmersos en el vivir más vulgar y rutinario. El vivir de José era el vulgar y rutinario de un artesano. 

La santidad es sencilla. Su clave, el pronunciar: “Hágase tu voluntad”. Y esto se puede hacer cualquiera que sea la circunstancia en que me encuentre. Este “Hágase” es el denominador común en toda santidad. Este “Hágase” es el que hizo a Isaías el gran profeta; éste, el que hizo a María la Madre de Dios. Los designios maravillosos de Dios sobre ti dependen de este “Hágase” tuyo. El secreto de la santidad el “Hágase tu voluntad”.

Debemos, ante todo, deducir que los grandes designios de Dios, las providentes empresas que el Señor propone a los destinos humanos pueden coexistir, sobreponerse a las condiciones más comunes de la vida. Nadie está excluido de cumplir, y con toda perfección, su divino beneplácito. Por lo mismo, todos debemos de estar tan atentos a la voz del cielo que hemos de preguntarnos: ¿Cuál es la voluntad de Dios acerca de mi vida? ¿Cómo debo yo dirigir mis días, mis fuerzas, mis talentos para estar en la línea de las disposiciones de Dios? 

Debemos saber que el hacer coincidir nuestra modesta, aunque a la vez sublime, voluntad y libertad con el querer de Dios, es el gran secreto de la vida ilustre y grande. 

Es el injertarse a sí mismo en los pensamientos del Señor y entrar en los planes de su sabiduría y misericordia. Este punto de conformar nuestra voluntad con la de Dios debe ser inexorablemente estudiado, especialmente en los años, días y momentos en que se escoge un camino, un estado, una meta. Se debe entonces uno convencer de que una voz del cielo interior y exterior, mediante alguna circunstancia o la palabra de algún maestro, nos vienen a hacer conocer la interpretación justa y elevada que cada uno está obligado a dar a su propia existencia. Ninguna vida es banal, mezquina, menospreciable u olvidada. Por el mismo hecho de que respiramos y nos movemos en el mundo, estamos predestinados a alguna cosa grande: Al reino de Dios, a sus invitaciones, a su conversación, a la convivencia y sublimación con Él. Hasta llegar a ser “consortes divinas naturae”. 

¿Cómo ha de conducirse uno para alcanzar tan maravillosa meta? Es lo que nos enseña San José con su oído atento y fiel a escuchar la voz del omnipotente». (P. Molina)

Fuente: padremolina

Publicar un comentario

0 Comentarios